La soledad del corredor de fondo (1962): la eclosión del «Free Cinema»
«La soledad del corredor de fondo» muestra la realidad de los delincuentes juveniles de los años sesenta y su posterior ingreso a correccionales.
«La soledad del corredor de fondo» muestra la realidad de los delincuentes juveniles de los años sesenta y su posterior ingreso a correccionales.
El blues es más introspectivo, la vida de esos trabajadores de las plantaciones insinuada en «Los pecadores», una experiencia íntima muy lejana a la estridencia de una película de terror.
Duna enfatiza el ideario ecológico y en cierta forma relega el mundo del comercio hacia un enfoque más sustentable.
Emilia Pérez propone una historia de redenciones, de cambios drásticos, quizás no son cambios sino un disfraz.
Al visionar El Faro somos testigos de algo ancestral, del castigo de Prometeo por robar el fuego de los dioses.
La belleza externa es una simple metáfora que utiliza Coralie Fargeat para ejemplificar el daño que hace el paso del tiempo en una mente desquiciada.
La obra teatral logró remecer los prejuicios morales de los años cincuenta, no así la versión cinematográfica cuyo guion adoptó una postura más conservadora.
Las tres cintas ofrecen distintas versiones de trastornos mentales, pero me atrevería a decir que la versión de Bobby Fischer es la más convincente, se resume en algunas partidas de ajedrez y unos raccontos de la infancia y ascenso en el escalafón mundial.
Orson Welles fue el pionero en esta forma de filmar, muy utilizada por los realizadores que en épocas posteriores se abocaron al cine negro.
El filme remueve consciencias, nos coloca en el lugar de las víctimas, dramática por omisión de la maldad, muestra el dolor a través de la ausencia, esas fotografías y películas donde el padre dejó de figurar, pero siempre estuvo acompañando a esa mujer corajuda.
El miedo a que se cumpla una fecha de expiración inmovilizaría a cualquier ser humano, con mayor razón para estos seres cibernéticos que sólo perciben la realidad durante un breve lapso.
Hay un discurso en torno a la belleza, que es incluso más pura que el arte, aun siendo su expresión una búsqueda de la perfección.
Henry Chinasky representa al desecho de la sociedad, a los vagabundos y las prostitutas. Es la constatación de que el sueño americano no existe.
Una persona construye a partir de sus recuerdos y cuando éstos lo abandonan, somos los hijos, a veces los nietos, los encargados de recordarlo, de unir esa emoción fugaz de un beso y un abrazo.
Las habitaciones rojas, filme que se interna en esa otra realidad oculta tras la dark web, invoca a la alienación que provoca el universo digital.