«Pedro Páramo» (2024): la maldad como origen del caos

Llevar al cine «Pedro Páramo» requería de un montaje vigoroso y más libre, no seguir a la pata las líneas del libro.

Rodrigo Prieto dirige esta adaptación de la novela de Juan Rulfo que se exhibe por la plataforma de Netflix. El guion de Pedro Páramo resulta pesado y no invoca la fatalidad del pueblo de Comala.

La novela homónima (1955) es poesía en pasado, presente y futuro, en realidad no tiene tiempo porque para los muertos no existe y la vida se les fundió en una memoria borrosa.

El cura ha aceptado limosnas por bendecir a este hombre que ha violado a las hijas de todo el pueblo.

Pedro Páramo ha usurpado la tierra de todas las familias, se ha casado a conveniencia y la única que ha amado profesa un amor inconfesable por otro.

El hijo del demonio

Comala es un pueblo lleno de bastardos y sólo a uno Pedro Páramo le ha dado el apellido. El propio cura se lo trajo recién nacido y se negó a bendecirlo, en ese momento como al momento de su muerte. El único hijo reconocido fue el azote de la comarca y su maldad corrompió a una mujer maldita que vagaba con su hijo arrebatado que nunca existió.

Miguel Páramo corrompió el amor de madre mendiga y ella le prodigó vientres para saciar sus deseos. La maldición pervirtió su mente, pero su pecado mayor fue disponer carne para este hijo del demonio. Pedro Páramo asesinaba a sus enemigos de mano del capataz, condenado a no ser amado y a observar la ruina de Comala engendrada por sus pecados.

Todos los habitantes fueron muriendo en vida y al morir en pecado sus almas siguieron vagando por ese pueblo fantasma.

El pueblo maldito

El tiempo no existe para estos muertos, se confunde a través de la memoria de hechos pasados y futuros, hay poesía en el destino aciago de esas almas y Juan Rulfo destila lirismo al interior de ese pueblo maldito.

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En cambio, el cine vive del tiempo y lo descompone a veces, pero son 24 cuadros por segundo en el formato antiguo. Ahora son infinitas sucesiones de capturas, pero el lenguaje del montaje es el mismo.

La tecnología hace maravillas, pero cuando se trata de esta poesía sin tiempo, al cine le es muy difícil expresarlo en imágenes.

Rodrigo Prieto ha estado a cargo de la fotografía en películas excepcionales (El irlandés; Los asesinos de la luna, la última) y ha trabajado con directores como el mismo Scorsese o el mexicano Iñarritu.

La maldad como origen del caos

Pero es muy complicado hacer un guion (Mateo Gil) donde el tiempo no existe, existe la maldad, pero el “efecto” de los actos malvados proviene de una maldad como “causa”.

El caos original, un asesinato, sólo puede engendrar venganza y como se suceden tantas muertes, ya no se recuerda el porqué de todo ese rencor.

El olvido existe en su peor faceta en este universo. El mal olvida su origen y nadie tendrá salvación.

Montaje falto de ritmo

Llevar al cine Pedro Páramo requería de un montaje vigoroso y más libre, no seguir a la pata las líneas del libro. Eso intenta el director, pero se requería imaginación para traspasar poesía a las imágenes.

Quizás muchas más elipsis con la naturaleza de protagonista (la lluvia, el viento, las cosechas), también invocar un sexo distinto al realismo mágico (más brutal y salvaje) e introducir imágenes ajenas al texto para darle sentido estético a esa procesión de personajes.

Hay personajes muy logrados, el cura por ejemplo, pero incluso uno importante como el de Juan Preciado se pierde en la concepción del director. No asume el protagonismo narrativo y eso en sí es un pecado.

La historia requería un guion más jugado

Cada escena sigue una métrica de ritmo repetitivo y la novela es un corazón palpitante que se exalta. Hay un problema para diferenciar la duración de una y otra escena.

Ahí dónde el filme se va fatigando, la novela se eleva por los aires y el viento y la lluvia tendrán mucho que decir.

El guion de Pedro Páramo resulta pesado y no logra ni por asomo la fatalidad desbocada en donde conviven vivos y muertos, ese infierno en la tierra requería más riesgo.

Ficha técnica

Título original: Pedro Paramo

Año: 2024

Duración: 123 minutos

Producción: México

Dirección: Rodrigo Prieto

Guion: Mateo Gil (Novela: Juan Rulfo)

Reparto: Manuel García-Rulfo, Tenoch Huerta, Ilse Salas, Mayra Batalla, Dolores Heredia, Noé Hernández, Hector Kotsifakis

Música: Gustavo Santaolalla

Fotografía: Rodrigo Prieto, Nico Aguilar

Género: Drama / Terror / Realismo Mágico

Calificación de «Pedro Páramo»: 6/10

Aníbal Ricci Anduaga es escritor y ensayista chileno que comenzó su trayectoria literaria hace más de 30 años, influido por su formación humanista y su profunda vinculación con el cine y la reflexión filosófica sobre la imagen. Ha realizado estudios y cursos de apreciación cinematográfica, participando en ciclos dedicados a directores como Wim Wenders, Werner Herzog, Rainer Werner Fassbinder, Federico Fellini, Krzysztof Kieślowski y Stanley Kubrick, influencia que se refleja en su obra ensayística Reflexiones de la imagen (2014), centrada en el análisis cinematográfico desde una perspectiva filosófica. Es autor de las novelas Fear (2007), Tan lejos. Tan cerca (2011), El rincón más lejano (2013), Siempre me roban el reloj (2014), El martirio de los días y las noches (2015) y El pasado nunca termina de ocurrir (2016), así como de los libros de relatos Sin besos en la boca (2008) y Meditaciones de los jueves (2013). Su obra aborda temas como la identidad contemporánea, el poder, la memoria, la depresión y el conflicto entre lo tangible y lo onírico. Ha participado en diversas antologías, entre ellas Tren de Aterrizaje, Hombres con Cuento, Justos y Pecadores, Microrrelatos de Amor y Desamor y Dispara usted o disparo yo.

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