Vivir dos veces (2019), la magia de una segunda oportunidad

Una persona construye a partir de sus recuerdos y cuando éstos lo abandonan, somos los hijos, a veces los nietos, los encargados de recordarlo, de unir esa emoción fugaz de un beso y un abrazo.

Vivir dos veces es una comedia acerca de un tema dramático, divertida hasta que deja de serlo, pero con un toque de esperanza al final, toda una rareza este filme de guion muy bien construido y con personajes entrañables.

Para los que conviven con un familiar que padece de Alzhéimer la película podrá ser a veces poco realista, es un proceso de deterioro mental que primero afecta al hipocampo del cerebro, perdiendo la persona en primer término los recuerdos de corto plazo. Una zona relacionada con la memoria y con la vinculación entre las emociones y los recuerdos.

A Emilio lo han diagnosticado y el deterioro se manifestará de inmediato, primero de manera divertida y luego como tragedia. Es una película de esas luminosas que hacen pensarnos al interior del grupo familiar, el universo más cercano e importante en nuestras vidas.

Un recuerdo que lucha por perdurar

Hay un recuerdo central del abuelo de cuando era un adolescente y conoció a una chica que lo invitó a la playa. Nunca la olvidó y se casó con otra persona, pero ese recuerdo persistió durante su vida y ahora, ante la posibilidad de olvidarlo, desea reencontrase con esa chica que pudo ser el amor de su vida.

La parte divertida de Vivir dos veces tiene que ver con el abuelo histriónico y la vinculación con su nieta. Viajarán en auto a Navarra en búsqueda de Margarita que ahora tendrá setenta años. Surge un episodio mental menos gracioso y ahora la familia reunida buscará a la anciana sin mayores pistas.

Lo trágico de la enfermedad

Lo dramático es más realista, los signos de la enfermedad se reconocen: cambios de humor, extrañeza espacial, olvidar la identidad de los familiares y finalmente comportamiento irracional.

Las anécdotas están bien escogidas: cafetería, hospital, escuela, fiesta de matrimonio y casa de acogida. A ratos una road movie y es que la cinta muestra versatilidad para desarrollar temas de fondo: relación de padres e hijos, adulterio y síntomas del Alzhéimer.

Los diálogos son ocurrentes y calzan los estadios de la enfermedad, mayormente los aborda desde el humor.

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Un final esperanzador

Vivir dos veces es una película de corte optimista, hacia el final, cuando Emilio y Margarita se reúnen en la residencia de ancianos, ella lo invitará a la playa y materializan el recuerdo, ahora en ausencia de la memoria anterior. De alguna forma viven dos veces y recuperan la oportunidad perdida. Corresponde a una escena de realismo mágico, más que a una secuencia de la vida real.

Me quedo con ese hermoso momento donde la hija y la nieta abrazan al abuelo. Una persona con demencia pierde el brillo de los ojos, la inteligencia la abandona, mi madre todavía nos recuerda, pero olvidó sus talleres de dibujo arquitectónico. Antiguamente no mostraba mucho sus emociones y ahora con la edad y el Alzhéimer los hijos tenemos una segunda oportunidad. La abrazamos con cariño y vuelve el brillo en su mirada, aunque sea por un momento y nos abraza fuerte tal como lo hacía mi bisabuela.

Una persona construye a partir de sus recuerdos y cuando éstos la abandonan, somos los hijos, a veces los nietos, los encargados de recordarla, de unir esa emoción fugaz del abrazo o un beso con los tiempos en que nosotros éramos su principal preocupación.

Aníbal Ricci Anduaga es escritor y ensayista chileno que comenzó su trayectoria literaria hace más de 30 años, influido por su formación humanista y su profunda vinculación con el cine y la reflexión filosófica sobre la imagen. Ha realizado estudios y cursos de apreciación cinematográfica, participando en ciclos dedicados a directores como Wim Wenders, Werner Herzog, Rainer Werner Fassbinder, Federico Fellini, Krzysztof Kieślowski y Stanley Kubrick, influencia que se refleja en su obra ensayística Reflexiones de la imagen (2014), centrada en el análisis cinematográfico desde una perspectiva filosófica. Es autor de las novelas Fear (2007), Tan lejos. Tan cerca (2011), El rincón más lejano (2013), Siempre me roban el reloj (2014), El martirio de los días y las noches (2015) y El pasado nunca termina de ocurrir (2016), así como de los libros de relatos Sin besos en la boca (2008) y Meditaciones de los jueves (2013). Su obra aborda temas como la identidad contemporánea, el poder, la memoria, la depresión y el conflicto entre lo tangible y lo onírico. Ha participado en diversas antologías, entre ellas Tren de Aterrizaje, Hombres con Cuento, Justos y Pecadores, Microrrelatos de Amor y Desamor y Dispara usted o disparo yo.

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