Publicado por primera vez en 1956, La historia empieza en Sumer es uno de los grandes clásicos de la divulgación sobre la antigua Mesopotamia. Su autor, el asiriólogo y sumerólogo Samuel Noah Kramer, reúne en esta obra 39 testimonios procedentes de las tablillas sumerias para acercarnos a una de las primeras civilizaciones de la que conservamos abundante documentación escrita. Pero a pesar de estar tan alejada en el tiempo sigue teniendo vigencia y fue rompedora para su época.
El autor de esta obra es el historiador Samuel Noah Kramer, profesor de la Universidad de Philadelphia y autor de varios libros sobre la historia de los pueblos asirios. En este en concreto demostró que el origen de muchos elementos que utiliza nuestra civilización occidental fueron inventos sumerios.
Y si no fueron inventos sumerios, los primeros testimonios eran de esta cultura.
En la época de Kramer, antes de publicar este libro, se pensaba que el origen de la escritura y del estado era egipcio. Pero este profesor demostró lo contrario, actuó como un buen divulgador y tradujo las primeras manifestaciones de esta civilización. Los primeros 39 testimonios de la historia de la humanidad que procedían de las tablillas de arcilla recogidas de las prácticas arqueológicas.
Algunos testimonios de La historia empieza en Sumer
Kramer nos habla de la educación en la antigua Sumeria. Esta era exclusivamente masculina. Las mujeres no podían participar. Los estudiantes formaban parte de una élite social de Sumer. Estudiaban los textos de memoria y los plasmaban en clase. Textos que procedían de las tablillas de barro secadas al sol o cocidas. Los profesores, junto con sus ayudantes, enseñaban los conceptos con mucha mano dura. Empleaban incluso, nos dice Kramer, barras y pequeños látigos para castigar a los alumnos.
También en las tablillas de Sumer el profesor Kramer encontró lo que puede ser la presencia del primer parlamento bicameral. El parlamento se componía de un senado o asamblea de ancianos y una cámara baja, constituida por todos los ciudadanos que portaran armas.
Esta circunstancia la conocemos gracias a un poema en escrito en una tablilla en el que Gilgamesh pide a los hombres de la ciudad consejo y voto para decidir si atacan al rey de Kish para defender la ciudad de Uruk o, por el contrario, deben hacer la paz cueste lo que cueste. El Senado era favorable a hacer la paz, mientras que la Asamblea de ciudadanos armados deseaba la guerra contra la ciudad de Kish.
La medicina sumeria
En el capítulo décimo se registra la existencia de la primera lista de medicamentos o primer manual de medicina (del III milenio a. C.). Parece ser que el médico para desarrollar sus medicamentos recurría a sustancias vegetales (plantas medicinales), a sustancias animales como la leche y las mezclaba con minerales. Se utilizaban plantas como la acacia, el mirto, la asafétida y el tomillo. Y árboles como el sauce, el peral, el abeto, la higuera y la palmera de dátiles.
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Todos estos medicamentos junto a los minerales se conservaban en polvo. A veces la sustancia medicinal se mezclaba con cerveza y era ingerida por el enfermo.
El código de Ur-Nammu
En otro capítulo se registra el primer código de leyes del que se tiene constancia. No era el famoso código de Hammurabi (muy posterior a los sumerios), sino el código de Ur-Nammu. Este código sumerio priorizaba las compensaciones económicas, en lugar de castigos físicos para resolver delitos menores o agresiones o del ojo por ojo que utilizaba el código de Hammurabi.
En los capítulos trece y veintidós se trata la primera cosmología y, también, el Diluvio universal. Sobre la cosmología, según los sumerios el universo tenía forma de semiesfera cuya base estaba constituida por tierra y la bóveda por el cielo. De ahí el nombre con que designaban al conjunto del universo: An-Ki (literalmente cielo-tierra).
La tierra era un disco plano delimitado por el mar, cuya parte inferior era el infierno y la superior el cielo. En origen el cielo y la tierra formaban una unidad. Cielo y tierra estaban concebidos por los sumerios como creados por el mar primitivo. Quien separó el cielo de la tierra fue el rey de los dioses y dios del aire: Enlil. Era la divinidad más importante del panteón sumerio, similar al Zeus griego o el Júpiter romano.
Sobre el diluvio sabemos cómo se llamaba el Noé sumerio. Era un tal Ziusudra. El texto del diluvio nos ha llegado fragmentado, pero dice lo siguiente. Un dios, probablemente Enlil, estableció cinco ciudades o centros de culto a las que asignó una divinidad. Posteriormente, la asamblea de dioses dispuso que se produjera un diluvio que acabara con la especie humana.
No todos los dioses estaban de acuerdo, algunos lloraban. Parece ser que Ziusudra es el único humano que logra salvarse, protegiéndose tras una muralla.
¿Merece la pena leer La historia empieza en Sumer?
La respuesta es sí, especialmente para quien quiera acercarse por primera vez a la civilización sumeria. Una de las principales virtudes del libro es que consigue presentar una enorme cantidad de información histórica a partir de ejemplos concretos.
La obra de Kramer es muy interesante si se quiere una aproximación general y sencilla para entender el mundo sumerio y conocer algunas facetas curiosas de la primera civilización de la humanidad. Es accesible para todos y se lee muy rápido.
Hay pasajes de las tablillas que recordarán al lector a algunas historias de la Biblia o de la mitología clásica. Es muy original e interesante, por tanto, recomiendo su lectura.
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