Dirigida por Walter Salles
Eunice Paiva es interrogada en una instalación clandestina, le muestran fotos de sospechosos del régimen dictatorial, que comenzó en 1964 cuando a su marido, el diputado laborista Rubens Paiva, lo expulsaron de Brasil. Regresó al país a efectuar labores de ingeniero, alejado de la política, junto a su familia compuesta por Eunice, cuatro hijas y su hijo, Marcelo Rubens Paiva, que escribió la novela autobiográfica del mismo nombre, a partir de la detención de su padre por efectivos encubiertos de la policía.
Es una tortura psicológica, donde a Eunice no le dejan hablar con su hija, mucho menos informarle dónde han llevado a su esposo. Al cabo de varios días, escuchando de fondo las torturas físicas a otros prisioneros, la liberan y vuelve a casa con preocupación por el paradero de su hija, intuyendo que al diputado lo han torturado, abrigando aún esperanzas de su liberación.
Aún estoy aquí fue candidata a mejor película en los Oscar 2025 y obtuvo la estatuilla como mejor película extranjera. Compitió con otras destacadas cintas como Emilia Pérez (Francia) y La chica de la aguja (Dinamarca).
El fuera de campo es la mejor elipsis
Los gritos y las súplicas de una mujer que jamás aparece en pantalla son el mayor signo de violencia. El director al comienzo del metraje mostró una redada en un túnel donde la policía buscaba sospechosos que aparecían en los periódicos. Los derechos de la población se ven amenazados y una atmósfera inquietante será el omnipresente telón de fondo.
Walter Salles utiliza el fuera de campo, no sólo en esas escenas donde la violencia es evidente, mientras los agentes lavan los pisos y el espectador presume sea sangre o desechos orgánicos.
Es un fuera de campo extremo, porque el director destina la primera hora a mostrarnos el funcionamiento de la familia, la cordialidad, la nueva mascota, todo aquello que el núcleo familiar perderá a partir del 20 de enero de 1971.
Incluso, la detención del diputado es pacífica, aspecto poco frecuente en las dictaduras latinoamericanas, los agentes sólo portan armas, pero jamás apuntan a los miembros de la familia. Rubens Paiva se desenvuelve tranquilo, se cambia de ropa y se despide de la hija y su mujer lo ve alejarse en su propio vehículo.
Es una violencia contenida y esa violencia no aflora en las imágenes de Salles, siempre recurriendo al fuera de campo, dando a entender lo preciso del título.
La desaparición del padre
Aún estoy aquí, el padre siempre estuvo presente, al comienzo junto a la familia, luego en las esperanzas de ellos, en las fotografías, luego de 25 años en la prensa lo señalan como un detenido desaparecido. Eunice al fin completa su álbum de recortes con el certificado de defunción, siguen las fotografías de la familia, la primera para encarar al régimen solicitando un habeas corpus que nunca se materializa.
Lo económico golpea a la familia y en Rio de Janeiro los agentes siguen vigilando la casa, obligando a Eunice a tomar la decisión de establecerse en Sao Paulo.
La casa sin muebles, una metáfora de que el papá no volverá y nuevamente esas imágenes de película vieja son testimonio de ese pasado que no volverá.
El calvario de la madre
Eunice Paiva estudiará derecho y se convertirá en una luchadora por los derechos humanos y el amor hacia su esposo lo vuelca en la defensa de grupos indígenas despojados de sus tierras.
La familia se rearma con los años, el amor sobrevive al asesinato de Rubens Paiva. Al principio, la madre será el puntal para afrontar el futuro. La actuación de Fernanda Torres, interpretando a la matriarca, es conmovedora. Su rostro refleja todo el dolor de la pérdida y en una declaración se refiere a lo cruel de mantener desaparecida a una persona y no asumir como autoridad la muerte de un padre de familia.
El futuro tiene memoria
Esos 25 años para lograr el reconocimiento de la verdad es un tránsito amargo y los hijos también acusan el desgarro en sus vidas. Aún estoy aquí remueve consciencias, nos coloca en el lugar de las víctimas, dramática por omisión de la maldad, muestra el dolor a través de la ausencia, esas fotografías y películas donde el padre dejó de figurar, pero siempre estuvo acompañando a esa mujer corajuda.
Ya en este nuevo siglo el alzhéimer alcanzó a la madre y sus hijos la acompañan en una reunión familiar, particularmente Marcelo Rubens Paiva la observa con los ojos vidriosos, ella sigue acompañándolos, mientras los cinco detenidos por la desaparición de su esposo jamás fueron juzgados.