La margarita que coleccionaba pétalos

La monarquía es ese antiquísimo juego político de los más grandes y poderosos señores que o bien la ostentaban o bien la deseaban. Magníficos nombres de la talla de Alfonso, Fernando o Luis entre otros muchos han sido siempre escritos con mayúscula en la historia de todos los países que jamás hayan podido existir. Sin…

La monarquía es ese antiquísimo juego político de los más grandes y poderosos señores que o bien la ostentaban o bien la deseaban. Magníficos nombres de la talla de Alfonso, Fernando o Luis entre otros muchos han sido siempre escritos con mayúscula en la historia de todos los países que jamás hayan podido existir. Sin embargo, detrás de estos ilustres hombres solían estar aún más ilustrísimas mujeres: madres, esposas, hermanas e hijas que, aparentemente, vivieron siempre a la sombra. Delicadas como flores pero brillantes como gemas, algunas de ellas consiguieron hacerse hueco en la corte, llegando a ser referencia en todo su reino. Hoy, hablaremos de Margarita de Navarra.

Margarita, aunque hoy en día sea el nombre que le damos a la Bellis sylvestris, viene en realidad del griego Μαργαρίτης («Margarites»), que significa «perla». No sin razón, Margarita de Navarra era conocida entre los poetas de su tiempo como la “perla de los Valois” (familia francesa a la que pertenecía) y escribió, entre otros, Las Margaritas de la Margarita de las princesas. Así pues, su nombre ya nos indica que nuestra reina estaba destinada desde bien jovencita a llevar a cabo grandes proyectos.

Hermana de Francisco I de Francia, eterno enemigo del emperador Carlos I, algunos la consideran ambiciosa y superficial al igual que su hermano y su madre, Luisa de Saboya, (conocida especialmente por perseguir la herencia del Condestable de Borbón hasta obtenerla, hecho que provocó que éste pasase a ser aliado del Emperador y la posterior derrota francesa en batalla de Pavía, con todas sus consecuencias posteriores). Y es que Margarita de Angulema, ciudad francesa en la que nació en 1492 (el mismo año que el descubrimiento de América, otro hecho que sus contemporáneos veían como premonitorio), no sólo era de Valois sino que también cosechó los títulos de Alençon y de Navarra, entre otros más pequeños.

Carlos de Angulema y Luisa de Saboya, padres de Francisco y Margarita de Valois (futuros reyes de Francia y Navarra respectivamente) jugando al ajedrezCarlos de Angulema y Luisa de Saboya, padres de Francisco y Margarita de Valois (futuros reyes de Francia y Navarra respectivamente) jugando al ajedrez

Sin embargo y, a pesar de todas estas etiquetas, si hubo algo que Margarita siempre persiguió durante toda su vida fue el amor. Sus primeros pretendientes fueron Arturo, príncipe de Gales (destino que luego siguió Catalina de Aragón) y Carlos de Austria, emperador anteriormente nombrado, entre otros. Quien finalmente obtuvo su mano fue otro Carlos, el de Alençon, perteneciente a la misma dinastía que Margarita pero que sin duda no había obtenido la misma gracia que nuestra reina, a la que le horrorizaban sus básicos gustos. Probablemente para su fortuna, Carlos de Alençon murió a raíz de secuelas de Pavía siendo principal culpable de la derrota tras haber ordenado la retirada, abandonando a su rey. No tuvieron hijos.

Durante este matrimonio y ante la falta de cariño, Margarita decidió encomendarse a la religión sin entrar a vivir a un monasterio, únicamente con la lectura diaria de la Biblia y mediante actos virtuosos. En una época convulsa, Margarita convivió con las primeras manifestaciones del protestantismo, con el que ella probablemente se identificaba. Esta faceta religiosa tuvo que quedarse a un lado durante el largo proceso de negociación de la regente de Francia – puesto que solía ocupar con regularidad ante las partidas de su hermano Francisco – con el emperador Carlos, que tenía retenido al rey francés en España. Aunque no obtuvo todas sus peticiones, nuestra perla consiguió que toda la corte española reparase tanto en su osadía como en su inteligencia.

Francisco y Margarita

A pesar de que Francisco no siempre trató bien a su hermana, ambos sentían una profunda admiración por cada uno, llegando Margarita a ocupar el papel que en realidad correspondía a las esposas del monarca.

Una vez que las aguas parecieron volver a su cauce, Margarita se convirtió finalmente en reina de Navarra al desposarse en segundas nupcias con Enrique de Albret, varios años más joven que ella y padre de su única hija, Juana. A pesar de las alegrías que en un principio esta unión le aportó, Margarita pronto se volvió a ver completamente abandonada por su marido que, a pesar de ser mucho más culto que su anterior esposo, no parecía poseer la misma virtud que ella.

Es en Navarra donde vuelve a apasionarse por la vida espiritual y por su faceta de protectora de las artes. Alrededor de su corte en el Bearne, especialmente en su castillo de Pau, Margarita reúne a personajes como el poeta Marot, el escritor Rabelais o al Cenáculo de Meaux, una especie de escuela de traductores, con Jacques Lefèvre d’Etaples. No obstante y para desgracia tanto de la reina como de las letras francesas, muchos de estos protegidos defienden abiertamente el protestantismo por lo que Margarita, que nunca admitió públicamente sentirse atraída por esta nueva corriente, es acusada en París y ante su hermano de herejía. Francisco I, muy cercano a su hermana, consigue que no sea encarcelada pero le prohíbe que vuelva a relacionarse con cualquiera de estos artistas, a los que Margarita sigue defendiendo o incluso sacando de prisión.

Unknown Artist, Margaret of Austria

Consecuencia directa de todos estos acontecimientos es la creación del Heptamerón. Margarita de Navarra llevaba años ideando junto a algunos miembros de su familia la creación de una recopilación de nouvelles a la manera de Boccaccio y su Decamerón. Finalmente, únicamente ella llevará a cabo este deseo, creando un libro que, si bien es parecido a su antecesor italiano en forma, no lo es en contenido. En su Heptamerón recopila historias con una pequeña moraleja recitadas por varios personajes basados, en ocasiones, en personas que ella misma conocía: desde su madre Luisa hasta Bonnivet, general francés muy unido a Francisco I y del que se suele decir que intentó violar a la propia Margarita después de que ésta rechazase sus intenciones. En el Heptamerón, la autora critica aspectos de la vida de su época, como los curas que no respetan el voto de castidad o las mujeres que engañan a sus maridos.

Margarita muere en 1549, probablemente a raíz de una inflamación de pulmones causada por el frío, con su hija ya casada y su marido lejos de ella. Su muerte, posterior a la de su hermano, dejó a Francia sin una de las mujeres más grandes de su historia. Margarita fue hermana, madre, esposa y reina, religiosa y virtuosa, protectora de las artes y mujer de letras, estratega y negociadora; en definitiva, una de esas grandes mujeres con las que convivió en la misma época que ella y con las que tuvo el placer y el honor de llevar a cabo grandes decisiones que cambiaron la historia de toda Europa, aunque la historia las haya eclipsado. Margarita no quiso limitarse a ser una simple flor que adornase su corte, por muchos pétalos que la rodeasen.

Escrito por Julie de Lespinasse

(@julielespinasse)



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