Cosas que pasan

Cosas que pasan

Tal vez no hiciste un descubrimiento eureka, no te fue dada la gracia de la epifanía, no te fue revelado algo que tu yo más íntimo reconoce; y sin embargo, sabés, de manera difusa pero inclaudicable, que hay algo ahí.

Antes ibas por la calle y, de casualidad, te encontrabas con alguien. Ahora vas por internet y, casi con seguridad, te encontrás con lo que dicta el algoritmo.

A veces no.

Todavía, de vez en cuando, me encuentro con alguien en la calle. Me pasó ayer, y fue tan lindo, mi grupo de tres terminó conversando con el grupo de cuatro en el que iba el amigo de una amiga. Él y yo fuimos las dos orillas de un puente repentino, pasajero, inesperado.

Todavía, a veces, podemos escapar al algoritmo. Este es el relato de cosas que pasan cuando nos movemos.

Ella en el espejo

Hace un tiempo, buscando algo puntual en la www, la red interconectada global, di con el poema Apología de un gesto. Me fascinan las apologías, como los manifiestos, los elogios. Entonces quise saber. El poema es de un poeta e investigador cubano radicado en España, Alexis Díaz-Pimienta. No lo conocía. Es vasta la ignorancia.

Hay en la web una versión del poema, con música y voz de Axel Margalli, en la que no logro distinguir del todo las palabras, aunque los acordes, diáfanos, hablan por sí solos. Claro que, empecinada en las palabras, quise saber qué decía el poema. Entonces, cosas que pasan en esta era, encontré una dirección de correo del autor y le escribí. Vino entonces un tiempo de espera, de silencio.

Un tiempo que no se mide en términos convencionales, sino con el centímetro -siempre corto- de la propia subjetividad. Aunque la época, claro está, haga algo con esa métrica. Una de mis bisabuelas tardó tres meses en cruzar el Atlántico para nunca más volver a su Asturias natal. Mis hijos miran capítulos de media hora en quince minutos porque van adelantando lo que les parece que no importa. Lo que importa es el tiempo. Siempre.

Para mi sorpresa, Alexis Díaz-Pimienta me respondió. Unos correos, después me envió el poema. Son dos décimas que aparecen en el libro En Almería casi nunca llueve, me explicó.

El poema habla de una mujer frente al espejo. De un hombre que mira a una mujer mirarse al espejo. Ella hace un gesto para peinarse. Es un gesto leve, involuntario. Ella, ajena a lo complejo, va inconsciente de lo que ese movimiento produce en quien la mira. El gesto que él miraba, para otros intrascendente, y al que le canta.

De repente

Alexis Díaz-Pimienta es experto en repentismo. También conocido como canto improvisado; un tipo de poesía popular oral de Cuba, de la familia de los trovos de Murcia y Andalucía, el bertsolaritza del País Vasco, la regueifa gallega, la payada de los países del Cono sur de América Latina, las décimas de Perú, entre otras versiones.

En todas estas formas, el centro es la improvisación, pero una improvisación basada en la estructura. Como en el jazz y otras versiones de música folklórica.

Pienso en la palabra estructura. Pienso en la palabra fluir. En el tipo de líneas que cada una dibuja. La primera en la escritura, la segunda en el viento. La palabra escrita empuja la oralidad a la cocina de casa, como esos pueblos que guardan el uso de la lengua materna sólo para la familia, porque afuera las palabras en quechua, o en galego, o en ydish son una vergüenza, un peligro.

No puedo dejar de evocar los versos de la enorme Blanca Varela, poeta peruana, en su Canto Villano:

y de pronto la vida
en mi plato de pobre

Pará un minuto. Escuchala.

¿La escuchaste? ¿Oíste cuando se emociona? ¿Te diste cuenta de la voz ahogándose casi para volver a nacer?

Sí, dice lo que escuchaste.

aniquilar la luz
o hacerla
hacerla
como quien abre los ojos y elige
un cielo rebosante
en el plato vacío


Cosas que pasan. La asociación libre. El estado de ebullición. La red de conexiones por fuera de la predicción. La serendipia.

Por casualidad

No conocía la palabra, pero sí el estado.

La Real Academia Española la define como: hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual.

El ejemplo que pone: El descubrimiento de la penicilina fue una serendipia.

¿Cuántos amores caben en la serendipia? ¿Cuántas amistades le deben la existencia? ¿Cuántos autores conociste así? ¿A cuántas poetas dejaste entrar?

Los sinónimos que propone el diccionario son: casualidad, carambola, chiripa. Agregaremos que tiene que ver con la fortuna, el azar, las coincidencias, los accidentes. Todo eso que escapa a la previsión, lo que esquiva cualquier plan.  

Aquí puede consultarse su etimología, que nos lleva lejos.

Conocí la palabra por una canción que Zaz, la cantante francesa escribió y canta con el español Leo Rizzi. Ella me encanta, a él no lo conocía. La canción se llama Serendipia, claro. Lo que no buscaba me encontró, dice uno de sus versos. Y también: si no saltas no sabrás si puedes volar.

Cosas que pasan.

Lo contrario de la serendipia es ese estado de lucidez rotunda en el que tal vez no hiciste un descurbimiento eureka, no te fue dada la gracia de la epifanía, no te fue revelado lo que tu yo más íntimo reconoce; y sin embargo, sabés, de manera difusa pero inclaudicable, que hay algo ahí. Kazantzakis lo dice mejor:

No volveremos a tener en la eternidad de los tiempos otra probabilidad como esta.

Zorba el griego.

Socióloga y docente universitaria. Apasionada de los libros, la radio y el cine.

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