La errónea historia de la música

¿Alguna vez te has preguntado de dónde salieron las figuras de los genios musicales? ¿Quien determinó que un músico pasase a la historia y otro se quedase al margen, aunque también hubiera hecho grandes innovaciones? ¿Crees que las obras que nos han llegado son las más populares de la época? Y, por otro lado, ¿Te…

¿Alguna vez te has preguntado de dónde salieron las figuras de los genios musicales? ¿Quien determinó que un músico pasase a la historia y otro se quedase al margen, aunque también hubiera hecho grandes innovaciones? ¿Crees que las obras que nos han llegado son las más populares de la época? Y, por otro lado, ¿Te has preguntado alguna vez qué es historiar sobre la música?

Normalmente la historiografía musical se empeña en entender el lenguaje del músico y de su obra, dejando aparte todo su contexto, como podrían ser las salas, los instrumentos o las obras “minoritarias”, que también nos hablan de cómo era el gusto en el momento. Todo esto, sin embargo, resulta bastante irónico, cuando aquello sonoro de mediados o finales del siglo XIX hacia atrás no nos ha llegado. No sabemos interpretar la música del pasado por el simple hecho de que nos encontramos en un presente diferente. No sabemos si los instrumentos son los mismos o si tienen la misma afinación que en la época. Por lo tanto,  el impacto estético puede variar, porque evidentemente no nos encontramos en el contexto de la época en que surgió. Así pues, lo único que podemos hacer es intentar situarnos en su presente, y no en el nuestro, cuando escuchemos música o la interpretamos; y por ello debemos entender todo lo que gira alrededor del momento histórico en el que nos situamos. ¿Te imaginas estudiar un pintor a través sólo de sus obras principales? ¿Acaso no son importantes las minoritarias o situarte en  su momento para entender cómo pintaba? ¿O sólo es importante su maravillosa técnica, su biografía y sus “hits”?

El primer historiador musical fue Charles Burney con su obra General History of Music (1776-1789), quien recopiló documentos y entrevistas en un viaje por toda Europa. Más tarde elaboró una historia sobre el presente musical de su época en Francia, Italia (1771) y más tarde en otros países (1773).

Con Burney todavía no encontramos la figura de músico-genio. Así que, ¿de dónde sale? De la época de la exaltación del genio y de lo subjetivo: el siglo XIX. En ese momento encontraremos el interés por la biografía, la pasión literaria y la estética del Romanticismo. Todo esto nos llevará a biografías de músicos prácticamente literarias y de exaltación, como la biografía de Schlosser sobre Beethoven. Estas biografías fueron el punto de partida de muchas investigaciones sobre la figura del músico y muchas de ellas son equívocas, anecdóticas y no nos hablan de cómo es la obra en relación al contexto de su época, de su impacto.

Adolph_von_Menzel_-_A_Flute_Concert_of_Frederick_the_Great_at_Sanssouci

Como intento para volver a buscar la objetividad, posteriormente aparecerá el movimiento Musikwissenschaft (la musicología), que elaborará una catalogación de obras desde una mirada muy positivista. Hugo Riemann y Guido Adler, quien formarán parte de este movimiento, eran totalmente contrarios a la aplicación del concepto histórico en la música y la técnica. De esta manera, se dejará de lado todo aquello que no es parte de la obra musical: no nos hablan de la recepción, ni del público ni del espacio.

Más tarde, esta mirada de la musicología positivista se trasladará a la empresa discográfica, quien querrá expandir todas aquellas obras que han sido “divinizadas” a través de la catalogación positivista y la mitificación romántica hasta nuestros días.

La aplicación errónea de la mirada histórica en la música no está todavía superada. Con esto quiero dejar claro que no estoy entrando en la cualidad de la música, sino en la obra en sí como documento histórico. Un ejemplo es que nos encanta la música pop de años pasados, como la de los años setenta u ochenta (que era detestada por los eruditos de la época y ahora pensamos que somos eruditos al conocerla), pero nos gusta porque le aplicamos esa mirada histórica, esa mirada de “distinción” en el gusto de uno mismo al ser más exclusivo que el “pop” del presente, ese entender cómo era el contexto, tan vibrante, tan colorido, tan “boom” de expresión a través de su estética y su música.

Ahora, por otro lado, os invito a reflexionar sobre por qué odiamos muchos géneros musicales de la actualidad, cuando es lo que palpita entre la sociedad más joven. ¿Acaso no es el reflejo de lo que se está viviendo en nuestros días? ¿No es un reflejo de los pensamientos más oscuros: consumistas, de decadencia respecto al mundo y de soñar con ser famoso, que nos identifican en estos tiempos? Pero para verlo, primero debemos separarnos de nuestro gusto y apreciar la música como un documento, como la expresión nuestro momento histórico, por mucho que no nos agrade.

 

Fuentes:

HONOLKA, K; RICHTER, L. Y VV. AA. Historia de la música. Madrid: EDAF, 1979.

HURTADO, L. “Apuntes sobre historiografía musical”. En: Revista musical chilena, vol. 7 num. 41, 1951. [Disponible en: https://revistamusicalchilena.uchile.cl/index.php/RMCH/article/view/12106/12463 ].

DALHAUS, C. “¿Pérdida de la historia?”. Fundamentos de la historia de la música. Barcelona: Guedisa, 1997, pp. 11- 21.



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