Mademoiselle de Maupin: bisexualidad, duelos y ópera

 Julie d’Aubigny es la protagonista de nuestro tercer artículo conmemorativo del próximo Día del Orgullo, este 28 de junio. Actriz y cantante francesa, es protagonista muchísimas leyendas y biografías románticas que han dado lugar a dudas en cuanto a algunos aspectos de su vida. No obstante, hoy vamos a intentar resolvértelas todas.

   Julie d’Aubigny es la protagonista de nuestro tercer artículo conmemorativo del próximo Día del Orgullo, este 28 de junio. Actriz y cantante francesa, es protagonista muchísimas leyendas y biografías románticas que han dado lugar a dudas en cuanto a algunos aspectos de su vida. No obstante, hoy vamos a intentar resolvértelas todas.

   Se calcula que Julie nació en 1670 o 1673 y murió en 1707. Nos encontramos, pues, en pleno Siglo de las Luces y el reinado del gran Luis XIV de Francia, el Rey Sol. Es una época caracterizada por la grandeza francesa, por el lujo y la extravagancia de la que Julie participó activamente.

   Única hija de Gaston d’Aubigny, empleado en las caballerizas de Versailles, dispuso de total libertad desde bien joven para acceder a privilegios actuales de los que la mujer no gozaba por aquel entonces: la posibilidad de vestirse como un hombre y de obtener una educación completísima que abarcaba todos los ámbitos, destacando especialmente en el canto y en el esgrima. A todo esto había que sumar, además, la gran belleza de la joven y los muchos pretendientes que querían tomarla como esposa pero que veían su sueño truncado al dar con el padre de Julie, que los espantaba retándolos a duelos de espadas. Y así, Julie, en plena adolescencia y con las hormonas en ebullición, estaba deseando marcharse definitivamente para dar rienda suelta a su pasión y opta, finalmente, por la vía del medio: comenzar una aventura con el jefe de su padre, la única persona a la que éste no puede retar a un duelo. No obstante, y para evitar problemas con su empleado, finalmente arregla un matrimonio de Julie con un tal señor de Maupin.

   Julie se traslada a París y convive muy brevemente con su marido, que pronto es destinado al extremo opuesto de Francia. Sin pensarlo dos veces, Julie se hace amante de un profesor de esgrima buscado por la justicia acusado de haber matado a dos hombres y se marcha de la capital. No obstante, la nueva relación de Madame de Maupin pronto termina y ella se encuentra sola y sin recursos pero no se lo piensa dos veces y comienza a realizar demostraciones de esgrima y canto (todo junto) en las calles. Este espectáculo solía consistir en retar a alguno de los viandantes y derrotarlo mientras entonaba una serie de burlas hacia el perdedor.

   Al mismo tiempo que realiza estas demostraciones en la calle, Julie prueba suerte en la ópera realizando papeles de hombre en los que se sentía muy cómoda aunque siempre se molestaba cuando alguien dudaba de su condición de mujer. Fue en uno de estos papeles cuando se enamoró de una joven con la que comenzó una fogosa y fugaz relación ya que ésta fue encerrada en un convento por su familia para salvaguardar su honor. Sin embargo y, muy al contrario de lo pensado, Julie se adentra en el convento como novicia para salvar a su femenina amante y, de paso, vivir algunas noches de pasión con ella. Su plan de fuga consistía en obtener el cadáver de una monja fallecida unos días antes, meterlo en la cama de la muchacha y escapar del convento tras haber prendido fuego al convento para que nadie pudiese notar el cambiazo. Por estas acciones, Mademoiselle de Maupin fue condenada a ser ejecutada y huyó.

   No obstante y, sabiendo que ser discreta no era uno de los puntos fuertes de Julie, durante esta época de incógnito se batió en duelo con numerosos hombres. A uno de ellos, por cierto, que estuvo a punto de matar, lo acogió en su casa, lo curó, tuvo una aventura con él y terminaron como amigos. Esta espiral de duelos y aventuras fugaces continúa hasta el punto de empezar a coleccionar pequeños objetos de sus víctimas a modo de trofeo.

   Pero Julie aspira a algo más. No olvida su pasión por la música y mueve hilos hasta entrar en la mismísima Ópera de París, empezando a ser conocida como La Maupin, una gran cantante con voz muy grave. Julie, en este instante, apenas tiene dieciocho años.

   En uno de los momentos de su nueva vida pública, La Maupin fue invitada por Luis XIV a uno de los fastuosos bailes de Versailles en la que consiguió cortejar a una de las invitadas, besándose finalmente con ella delante de todos los asistentes a la fiesta, de los cuales tres llevaban toda la noche intentando que la misteriosa invitada, de la que no tenemos nombre, se fijase en uno de ellos. Despechados, retaron a Julie a un duelo, que aceptó sin rechistar y que ganó tras haber pelado con los tres al mismo tiempo. Dado que, en ese momento, los duelos estaban prohibidos, fue mandada ejecutar por segunda vez. No obstante, el destino le tenía preparado una agradable sorpresa: a Felipe I de Orleans, hermano del Rey y conocido como Monsieur, le hizo tanta gracia aquella escena que intercedió por ella para salvarle la vida.

   Durante los siguientes meses, Julie huye a Bruselas para calmar todo el alboroto que se había formado durante su estancia el París. En Bélgica continúa cantando y coleccionando amantes:  uno de ellos, perteneciente a la alta sociedad, lo llegó a pasar tan mal al lado de La Maupin por sus continuos duelos y escarceos que incluso llegó a ofrecerle una cantidad cuantiosa de dinero para que no volviese a acercarse a él. Julie, no obstante, rechazó este dinero y volvió a París para ser más Maupin que nunca.

   Tras su regreso y retomar su vida en el punto en el que lo había dejado, aparece de pronto Marie Louise Thérèse de Senneterre, la Marquesa de Florensac, famosa por su promiscuidad y de la que Julie se enamoró perdidamente, llegando a convivir dos años «en perfecta armonía» según los testimonios que conservamos de la época, hasta la muerte de la marquesa en 1705. Julie quedó tan devastada que se alejó por completo de la vida pública, encerrándose (esta vez de verdad) en un convento y muriendo poco después sin haber llegado a cumplir los cuarenta años de edad y convirtiéndose en eterna leyenda.

Escrito por Julie de Lespinasse


FUENTES

Cristina Domenech (@firecrackerx)



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