La Secta de Clapham y el fin de la esclavitud

   A menudo los historiadores tenemos defectos. Es broma, siempre los tenemos, y hace ya tiempo que se ha abandonado el concepto de Historia Objetiva. Uno no puede ser objetivo, pues siempre falta información y entra el sesgo personal. Así que como mucho lo que se puede ser es honesto, y aquí pretendemos examinar uno…

     A menudo los historiadores tenemos defectos. Es broma, siempre los tenemos, y hace ya tiempo que se ha abandonado el concepto de Historia Objetiva. Uno no puede ser objetivo, pues siempre falta información y entra el sesgo personal. Así que como mucho lo que se puede ser es honesto, y aquí pretendemos examinar uno de los hechos más claves del Imperio Británico: el fin de la esclavitud. Sí, a menudo se sabe demasiado poco de cómo un montón de “objetos” pasaron a ser sujetos., como se empezó a  cambiar la vida de miles de millones de personas. Y hoy vamos a descubrir como fue esa ardua empresa…

     Todavía hoy en Estados Unidos se utiliza el término wasp, para calificar a la clase media alta blanca. Es decir, white anglo-saxon. protestant. Es importante que remarquemos ese uso final del término religioso que alude a luteranos, calvinistas, evangélicos, metodistas…. Estas dos últimas ramas desde un pueblo denominado Clapham cambiarían el Imperio Británico, y por ende el mundo. El nombre de la Secta de Clapham viene de un sobrenombre peyorativo al grupo abolicionista que se reunía en esa localidad, siendo también apodados “The Saints” con la clásica ironía británica.  Willberforce, hijo de un rico burgués y un orador fuera de lo común encabezaría el movimiento junto a Zachary Macaulay. Este último había estado ocupándose de plantaciones de esclavos en Jamaica, si bien “le enfermaba” ver a diario los continuos abusos que se cometían sobre los trabajadores negros.

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Secta de Clapham reunida

     Ya había grandes objeciones a la trata de esclavos. Adam Smith había dicho que era más rentable el trabajo de un hombre libre, pues reaccionaban mejor al estímulo. Montesquieu demostró que era más rentable un trabajador pagado y motivado que un esclavo obligado en términos de eficiencia. “Todo cuando queráis que os hagan los hombres hacédselo también a ellos” (Mateo 7:12),   fue la cita bíblica implicó que muchos cuáqueros se pusiesen en contra de la esclavitud. Thomas Clarke, anglicano, ayudó financieramente y fundó la Sociedad Contra la Trata de Eslavos. Hay aquí una cuestión religiosa ineludible pues Wilberforce escribía en su diario: «Dios Todopoderoso me ha encomendado dos grandes objetivos, la supresión del comercio de esclavos y la reforma de nuestros estilos de vida”. William Pitt, ex -Primer Ministro hacía veinte años dio un importante apoyo político a estos abolicionistas. Si bien en este caso no era un hombre de grandes convicciones morales sí que es cierto que como él reconocía,  era Wilberforce su guía espiritual. El que a su vez se había quedado impresionado por John Newton, durante muchos años capitán de barcos negreros, que tras una tempestad se arrepintió y se metió a clérigo. Esto remarcaba las posturas abolicionistas, las ganas de lograr un mundo más acorde a la imagen de Dios.

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WilliamWilberforce, influyente líder

     En este sentido, resulta fundamental a mi juicio ponerlo en relevancia, puesto que el debate sobre los derechos de las personas vino marcado por las creencias, tanto en un bando como en otro. Siglos antes, podemos ponerlo en relación con Bartolomé de las Casas y su defensa de que los indios tenían alma, y por tanto no podían ser tratados como animales. Es decir, ya entonces la cuestión religiosa tuvo una clara implicación en la cuestión del esclavismo.

     Parece que el ser humano, se había amparado en la religión para usar como objetos a otros seres humanos, ya sea justificándolo en ausencia de algo tan cristiano como el alma (el animus latino nada tenía que ver); o en una cuestión civilizatoria donde por supuesto que la religión tiene un gran papel, puesto que se desprecian otras confesiones y muy especialmente las tribales ligadas a la etnia africana e india. Estas cuestiones son muy relevantes en la historia actual, porque son las consideradas la base del derecho internacional y los derechos humanos. Así que esta vez parecía que la cruz iba a redimirse.

     Estaba claro que contra la influencia de la Compañía de Indias era muy difícil luchar, menos aún en planos económico y político. Pero contaron con la ayuda de poetas como Coleridge, ceramistas como Wedgewood…La propaganda, la capacidad de tocar el corazón de la sociedad británica estaba ahí, en el juego de la palabra y de la imagen. Un tercio de los hombres de Manchester firmarían una petición contra la esclavitud. Lo cierto es que sorprende el gran apoyo popular que tuvo la iniciativa, explicable sobre todo gracias a los distintos grupos religiosos, y al uso de la propaganda sentimental. Wedgewood  fabricaba insignias antiesclavistas en las que aludía a la condición de hermandad entre el hombre blanco y negro.

     Como resultado en 1807 se prohibió el tráfico de esclavos, lo cual hizo bajar en las Indias Occidentales el número de éstos. Y ya en 1833 se daría el golpe definitivo cuando se ilegalizó por completo la esclavitud en todo territorio británico. Los esclavos en el Caribe serían liberados y se les otorgaría compensación económica a sus propietarios. Al fin y al cabo ese amor a la propiedad privada era algo capital entre los británicos. Y es importante, pues  las tesis de que la esclavitud no era rentable están superadas, pero aun así se abole la esclavitud. Surge en ese momento un movimiento que es la indignación popular, el clamor por una política británica más ética y más acorde a valores cristianos .

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Barco esclavista. Así eran los viajes desde Africa hasta Norteamérica o Jamaica

     Y desde luego que ocurriría.  A mi juicio es extremadamente llamativo este discurso donde se anteponen los valores religiosos y morales al beneficio económico. Y es que esto se hace efectivo cuando de forma privada y pública en menor medida se sufraga Freetown. Con esclavos africanos de diferentes procedencias se va regando esa ciudad que germinó en una enorme multiculturalidad africana.

     A menudo provienen de barcos portugueses, españoles o franceses que son obligados a dejar su mercancía por la Royal Navy. Esto nos habla de uno de los mejores hechos consumados por el cristianismo sin duda alguna. Hay que pensar en los horrores de una población encerrando a personas en barcos para convertirles en mercancías. Como muchos países siguieron, debido a los lobbies, manteniendo esa horrible práctica.  Los últimos en abolirla serían España y Brasil, cosa sorprendente teniendo en cuenta sus idiosincrasias nacionales.

     No solo eso: la Secta de Clapham cambiaría el modelo del Imperio Británico. Antes era básicamente una empresa con cañones que buscaba el mayor beneficio económico a sus tierras. Ahora desearía cambiar el mundo, hacerlo a su imagen y medida. Esto es, exportar el libre comercio, el Imperio de la Ley, la Propiedad Privada y el liberalismo. El interés por abrir África, conectarlo con Asia, las nuevas rutas de comunicación y el concepto de gobierno ético será lo que conforme el mundo tal y como lo conocemos. Son los valores religiosos cristianos los que conducen a este sistema.

     Esto desde luego tuvo su parte negativa, pues este tipo de imperialismo podrá llegar a ser muy nocivo, o al menos conflictivo. Por ejemplo, en la India las continuas prohibiciones de los misioneros herederos de Clapham a las costumbres hindúes supusieron algo horrible. Pese a la buena intención que era  prohibir quemar a las viudas hindúes en la pira del difunto marido, al final lograron que hubiese una rebelión de una casta, la de los cipayos. Es decir, esa actitud de querer un nuevo mundo trajo problemas tanto a ingleses como a otras culturas.  En el caso hindú, de haber seguido con las políticas de la dinastía de Hannover no hubiese habido esos problemas. Al final los venerables misioneros eran mal recibidos por los gobernadores y militares que gobernaban aquel subcontinente. Eran más bien problemáticos. Pero eso no detendría a los incansables religiosos de aquel tiempo de extender la fe y la civilización (entendida decimonónicamente) por todo el mundo. Livingston es un buen ejemplo de ello, además de haber luchado por la abolición de la esclavitud.

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Cartel de venta de negros de 1780

     El problema es que para extender estos valores, tanto los seculares como los espirituales habría que hacer algo para enfrentarse con receptores hostiles. Los cipayos que seguían queriendo mantener sus tradiciones.  O los maoríes que llegaban a asesinar brutalmente a todo misionero que quisiese hablarles de paz, pues iba frente a sus belicosas costumbres. Y por ejemplo China se negaría a comerciar con el opio. Así que la Royal Navy, el ejército colonial y otros instrumentos sirvieron para dinamitar esos obstáculos y abrir los caminos. Claro que por otra parte hay que preguntarse si esto fue necesario o no. Si fue bueno, en un sentido material, ético… Y muchas más preguntas.

     Merece además un análisis sociológico importante el cómo la religión, incluso tratándose de diferentes confesiones, sirvió para unir a tan heterogéneo grupo de personas.  Y es que en esta rebelión ante una injusticia flagrante encontramos una anticipación brutal de los hechos. Inglaterra era tan conservadora como innovadora. Y es que aunque no fuese una sociedad revolucionaria como la francesa no implica que su sociedad sea anquilosada, como la de Rusia del XIX. Mostrarían que la innovación no tiene por qué ir ligada a la destrucción. A los esclavistas de Liverpool nadie les cortó la cabeza en una plaza al grito enfurecido de una masa ciega y sanguinaria, como ocurrió en París con los nobles y contrarrevolucionarios. Simplemente se vieron forzados a dedicarse al comercio de jabón.  No hubo necesidad alguna de asaltar la Tower para que los parlamentarios aprobasen la abolición de la trata en 1807.

     Y aparte de ser una sociedad donde los cambios no solían necesitar traumatismos severos en sus capas, viene ahora lo más curioso. Su semejanza con los movimientos sociales posmodernistas es impresionantemente plausible. En primer lugar, cumpliendo con el posmodernismo, se le da una importancia capital a la imagen. Las bellas y conmovedoras cerámicas de Wedgewood fueron tan importantes como los motivadores discursos de Wilberforce. Otro punto muy interesante es que es una movilización sin referencia especifica de clase (Casquette, 1999), en torno a que Pitt es un hijo de aventurero adinerado perteneciente a las oligarquías políticas. Wilberforce es de clase burguesa, y Newton un clérigo. Macaulay como hijo de oligarcas coloniales. En esto se diferenciará de las rebeliones de campesinos y obreros, al ser gente de distintas extracciones sociales las que compongan el movimiento, y se guíen más por una similitud cultural que económica. Esa similitud cultural fue la religión entendida como liberadora de esclavos de la Secta de Clapham. Así que podemos decir que es uno de esos ejemplos donde la religión fue un factor muy positivo que cambió la vida de muchas personas para bien. Claro que lamentablemente tenemos ejemplos en contra, como iremos viendo durante el trabajo.

Escrito por Jacobo

(@QarlD)

Bibliografía:

Cox, J. (2008). The British missionary enterprise since 1700. London: Routledge.

Eldenstein, M. (1994). Imperialism: Cost and benefit. In D. y. McCloskey, The Economic History of Great Britain since 1700 (pp. 173-216). Cambridge: Cambridge Press.

Ferguson, N. (2011). El Imperio Británico: como Gran Bretaña forjó el orden mundial. Madrid: Debate.



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