¡Defendamos la pureza de nuestra lengua! Y otros imposibles lingüísticos (IV) – Italianismos

¿Cuántas veces has oído eso de «el español y el italiano son casi iguales»? Las semejanzas entre ambas lenguas son tantas que un estudiante de italiano hispanohablante tendrá el múltiples ocasiones grandes dolores de cabeza al intentar que ambos idiomas no se mezclen durante las conversaciones. Sin embargo, y a pesar de tener un origen…

¿Cuántas veces has oído eso de «el español y el italiano son casi iguales»? Las semejanzas entre ambas lenguas son tantas que un estudiante de italiano hispanohablante tendrá el múltiples ocasiones grandes dolores de cabeza al intentar que ambos idiomas no se mezclen durante las conversaciones. Sin embargo, y a pesar de tener un origen en común – el latín – , los italianismos también han contaminado nuestra lengua, entiéndase este contaminar en sentido positivo o negativo según corresponda al lector.

La gran época italiana por excelencia, con permiso del Imperio Romano, es el Renacimiento, que se origina en este país e influye en casi todos los aspectos de la vida cotidiana entre los siglos XV y XVI. Así, pues, Italia y sus artistas comienzan a tener tanto renombre a nivel europeo que prácticamente la totalidad del vocabulario italiano que reside en el español procede de esta época y abarca una serie de ámbitos artísticos y culturales tales como la música, la arquitectura, la literatura e incluso el ámbito militar. Además, la gran proximidad entre español e italiano, como ya hemos dicho antes, facilita este intercambio casi sin que el hablante se dé cuenta de que está usando un préstamo lingüístico.

Sin embargo, hacia mitad del siglo XIX se produce una gran oleada de inmigrantes a países del sur de América como Argentina. Esta inmigración masiva, según algunos documentos, pudo haberse producido hasta bien entrado el siglo XX, concretamente 1970. De hecho, se estima hoy en día que el 50% de la población argentina es de origen italiano.

Recordemos que Italia no es un país propiamente dicho hasta finales del siglo XIX con el Risorgimento, la conquista y reunificación de Victor Manuel II y Garibaldi de todos los pequeños estados italianos que existían hasta la época. Esta gran nueva estructura, incapaz de soportar los problemas ciudadanos, el desempleo, la desigualdad de clases o a corrupción obligó, en cierto modo, a gran parte de la población a buscar un nuevo lugar donde comenzar desde cero. Al mismo tiempo, el gobierno argentino buscaba afianzar las fronteras con población que se asentase en ellas, buscando individuos con características caucásicas que definiesen el nuevo perfil más europeizado del país.

En definitiva y si a lingüística nos referimos, podemos encontrar dos grupos de italianismos dependiendo de la época en la que se introdujeron:

  • Italiano del Renacimiento: a capella, acuarela, carnaval, fachada, malaria entre otras muchas.
  • Italiano de la inmigración (aplicadas especialmente al habla coloquial de Argentina y Uruguay): amasar (del italiano amazzare, matar) laburo (del italiano laboro, trabajo), mina (del italiano femmina, femenina, chica, mujer), pibe (del italiano pivetto, muchacho) y más.

Y si creías que ya habías leído todo sobre influencias extranjeras en el español, te invitamos a que no te pierdas el siguiente artículo de la serie.



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