¡Defendamos la pureza de nuestra lengua! Y otros imposibles lingüísticos (II) – Anglicismos

En la primera parte de esta serie de artículos aprendimos a distinguir las diferentes maneras en las que las palabras de origen extranjero se adaptan – o no – al castellano. En esta segunda entrega vamos a repasar el que probablemente sea, actualmente, el grupo de palabras que más abundan en nuestra lengua. Un anglicismo, como bien…

En la primera parte de esta serie de artículos aprendimos a distinguir las diferentes maneras en las que las palabras de origen extranjero se adaptan – o no – al castellano. En esta segunda entrega vamos a repasar el que probablemente sea, actualmente, el grupo de palabras que más abundan en nuestra lengua.

Un anglicismo, como bien lo define la RAE:

De ánglico e -ismo.
1. m. Giro o modo de hablar propio de la lengua inglesa.
2. m. Vocablo o giro de la lengua inglesa empleado en otra.
3. m. Empleo de vocablos o giros ingleses en distintos idiomas

Dicho de forma directa y para que todos nos entendamos, un anglicismo sería toda palabra de origen inglés (entiéndase inglés como perteneciente al mundo anglosajón y no como nacionalidad) que se introduce en otra lengua. Los anglicismos están presentes de forma muy cotidiana en nuestro día a día, especialmente gracias al avance de la tecnología y el desarrollo de la misma. Algunas de estas nuevas palabras se han transformado y han dado lugar a términos completamente adaptados en castellano pero otras todavía mantienen su forma extranjera. Tal es la influencia de estos anglicismos que incluso se ha llegado a hablar de una auténtica plaga ya que muchos de ellos, a pesar de contar con un equivalente en español, han venido para quedarse.

Cabe destacar que estos anglicismos tienen mayor presencia en el mundo hispanoamericano, especialmente en aquellos países próximos a Estados Unidos ya que están muy próximos tanto geográfica como culturalmente. Ello unido además a la gran afluencia de población, especialmente de latinos hacia los Estados, facilita todavía más el intercambio lingüístico.

Anglicismos crudos

En la primera parte de esta serie ya hablamos de extrajerismos crudos, esas palabras que no cambian ni se adaptan al idioma de destino pero que acaban utilizándose sin que el hablante se de cuenta de que no pertenece a la lengua que está hablando. En el caso del inglés, estos términos corresponden especialmente al mundo de la tecnología. Palabras como softwareblues short (aunque este último todavía compite contra pantalones cortos) se pueden escuchar sin sorprendernos. En cuanto al caso de short y otras palabras similares, podríamos hablar de anglicismos con equivalentes en español, sobre los cuales puedes leer un poco más abajo.

Anglicismos adaptados al español

Como ya dijimos en el anterior artículo, ante un intento (casi desesperado) de conservar la pureza de nuestra lengua, muchos extranjerismos acaban siendo adaptados al propio idioma, tanto en grafía como en fonética. Algunos ya forman parte de los diccionarios como escáner (adaptado en fonética y grafía) o fútbol (adaptado en grafía y, muy probablemente, en fonética). No obstante, los propios hablantes adaptamos muchas veces los nuevos términos al español sin darnos cuenta, creando nuevos verbos como whatsappear.

Anglicismos con equivalentes en español

Ya sea por influencia directa de las nuevas tecnologías o por simple moda, es innegable que muchas de las palabras del mundo anglosajón que se cuelan en nuestra lengua ya tenían un equivalente en español que, poco a poco, va retrocediendo hasta ser casi inexistente. También es cierto que la facilidad del inglés a acortar términos o conceptos que en español nos costaría varias palabras definir todavía contribuye más a que los términos originalmente en castellano desaparezcan. Es el caso de los shorts previamente nombrados y que compiten cada verano con pantalones cortos. Y es que el hablante, sea del idioma que sea, si se puede ahorrar unos segundos de conversación se los ahorra, no importa que sea sacrificando su lengua materna.

Spanglish

A medio camino entre la realidad y la ficción, el fenómeno del spanglish (o espanglish, en castellano) comenzó a ser popular hace poco más de una década. Resultado de una fusión morfosintáctica y semántica (resumiendo, de gramática y vocabulario), el spanglish se habla en zonas de población hispana como California, Florida, Nuevo México, Texas, Arizona o algunos barrios de Nueva York. En un principio no parece tener más reglas que la alternancia de código o saltos de un idioma a otro, llegando a producirse conversaciones como la siguiente:

–Dale cuerda al mono para que baile.
–Tú crees que hay más de tres grandes poetas en una lengua en una centuria. A ver: Vallejo, Neruda, Darío, Lorca, Jiménez, Machado. Very few.
–It depends what you are looking for.
–I’m looking for the creators. If you want to accept los maestros, then you include: Huidobro, Cernuda, Alberti, Aleixandre, Salinas, Guillén. Sí, son maestros, pero no creadores.
–Tú eres demasiado rígida.
–No, es que las puertas del Parnaso son muy estrechas. Aleixandre puede ser mejor poeta que Lorca, pero no más grande. Lorca es común, pero es un creador. Many masters are better poets than the creators, but they are not greater. La grandeza no es mejor. A veces es peor. There are many singers with a better voice than María Callas. But she sang great. Y la grandeza no se puede definir. Porque está llena. Es como el sol. Algo lleno de luz y redondo. No le hace falta nada. Y te llena. Te deja llena. Te colma. Es algo que instaura. Y afirma su instauración. Se implanta. Se planta. Se queda ahí, como una instalación, en un espacio. Es como la belleza.
–What a pity.
–El total, las partes no suman el total.»
— Open the door o chingo la window.»

(Una escena en la novela bilingüe de Giannina Braschi, Yo-Yo Boing!)

 

Pero, ¿a qué se debe toda esta nueva influencia del inglés sobre el español? Debemos remontarnos a la historia de todo este último siglo para comprenderlo, especialmente en el caso de España, que es el que más nos ha llamado la atención. Hay que saber que durante el siglo XX, la influencia estadounidense en este país ha sido muy importante a pesar de la dictadura que tuvo lugar entre 1939 y 1975.

El primer gran contacto entre Estados Unidos y España durante el franquismo fue la década de los cincuenta, concretamente a raíz del Plan Marshall, del que, en un principio, España habría quedado descartada. Este plan consistía en una ayuda económica de la que Estados Unidos dotó a ciertos países de Europa tras la II Guerra Mundial. España, que en principio quedó excluida del plan al encontrarse bajo un régimen fascista, se vio después beneficiada de él (aunque con una cantidad de dinero a años luz de otros países vecinos) ya que este régimen autoritario de derechas jamás habría aceptado ayuda soviética, principal enemigo de los estadounidenses durante el siglo XX. A ello le siguió la construcción de diferentes bases americanas en suelo español, siendo Zaragoza, Torrejón de Ardoz (Madrid),  Morón de la Frontera (Sevilla) y Rota, (Cádiz) los primeros municipios en recibir soldados estadounidenses que influyeron notablemente en la sociedad y cultura de dichas ciudades (es más, Zaragoza es uno de los puntos más importantes en cuanto a la creación de rap en español, en gran parte gracias a la cultura que traían los soldados de estas bases).

Sin embargo, no todos los anglicismos proceden de Estados Unidos. Si hablamos de deportes, y más concretamente del deporte rey, el fútbol creado tal y como lo conocemos hoy en día por los ingleses (esta vez sí, de Inglaterra), fue el primer paso para la introducción de deportes y de nombres hoy en día ya no suenan en absoluto extraños. Pocas personas hablan hoy de balonpié pero sí que hablamos de baloncesto, por mucho que, entre los jóvenes, triunfe el basket.



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