Clara Bow: luces y sombras de una influencer en los años veinte

Una Betty Boop en carne y hueso. El estilo flapper designaba a aquellas mujeres que, a principios del siglo pasado, se atrevían con las faldas cortas, pelo corto y estilos de vida que, hasta entonces, era propio de los hombres. Todo modo de vida tiene un precursor, una figura que destaca por encima de las…

   Una Betty Boop en carne y hueso. El estilo flapper designaba a aquellas mujeres que, a principios del siglo pasado, se atrevían con las faldas cortas, pelo corto y estilos de vida que, hasta entonces, era propio de los hombres. Todo modo de vida tiene un precursor, una figura que destaca por encima de las demás y que marca las pautas a imitar. En este caso, todo el peso recayó en Clara Bow, que comenzó su carrera como actriz cuando todavía no tenía veinte años en un Hollywood mudo y en blanco y negro.

   El aspecto algo aniñado pero pizpireto de Clara Bow no se correspondía en absoluto con todo lo que había tenido que lidiar hasta entonces. La fecha de su nacimiento no está clara (algunos dicen en julio, otros en agosto, aunque todos coinciden que fue en 1905) porque su madre, una prostituta que ya había dado a luz a dos niños muertos, no creía que Clara fuese a sobrevivir, así que no se molestó en inscribirla en el registro. Tanto su madre como su padre sufrían sendas dolencias psicológicas que afectaron gravemente a Clara, sufriéndolas ella misma hacia el final de sus días. Pasó su infancia entre harapos y siendo rechazada por otras niñas a causa de su pobreza. Con 16 años, Clara Bow consiguió participar en una película tras ganar un concurso de una revista pero sus escenas fueron eliminadas. No sería hasta 1925 cuando, finalmente, conseguiría un papel importante en el cine.

   Clara destacaba por encima de otros compañeros de profesión gracias a su expresividad. Si actores como Chaplin o Keaton son célebres por hacer reir al público, Clara Bow sabía llorar como nadie, en parte, por las nefastas experiencias de su juventud. Se afirma que si Clara sabía llorar a voluntad era por el recuerdo de su amigo Johnny, que murió quemado en sus brazos cuando ella contaba apenas con diez años.

   Pero lo que realmente atraía al público era su It, «Ello» que la escritora Elinor Glyn achacaba a la actriz. De ahí que la primera It Girl fuese la propia Clara.

Ello, ese extraño magnetismo que atrae a ambos sexos… Descaradamente, con autoconfianza, indiferente al efecto que produce

   Ese ello no era más que la reivindicación femenina de la libertad de vivir al igual que un hombre, sin preocuparse por las convenciones sociales impuestas al género femenino, un rasgo que, si bien le aportó gran felicidad al principio de su carrera terminó por pasarle factura. El incesante seguimiento de la prensa, que le achacó la fma de devorahombres por sus múltiples relaciones con famosos como Gary Cooper o John Wayne, provocó el rechazo entre sus propios compañeros que, unidos al alcoholismo y al consumo de drogas, acabó por desestabilizarla. Una frustración profesional por verse no como una actriz sino como un objeto para conseguir más audiencia y su estabilidad emocional terminaron por retirarla del cine y de la vida pública.

   En 1932 contrajo matrimonio y fue madre de dos hijos. Su única aparición pública tras su retiro se produjo treinta años más tarde, a causa del fallecimiento de su marido. Tiempo antes, Clara había intentado suicidarse y, por ello, fue diagnosticada con esquizofrenia y sometida a inhumanos tratamientos de electroshock.

   La primera It Girl de la historia, la madre de todas aquellas que dicen ser influencers murió con sólo sesenta años de un ataque al corazón tal día como hoy de 1965, dejándonos como legado sus grandes y almendrados ojos, que todavía nos siguen mirando en multitud de imágenes con la melancolía que siempre la acompañó.

Escrito por Julie de Lespinasse



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